RETORNO IMPOSIBLE

Por fin ha llegado la hora de regresar a mi país, (me contaba una muchacha antes de volver definitivamente a su país), han pasado más de 10 años y he trabajado muy duro para comprarme una casa, tengo dinero para poner un negocio, mis hijos están mayores, una de ellas se casó y no pude estar presente en la boda, ya soy abuela y estoy muy feliz de partir; es lo mejor para mí y mis niños.
Pasados unos meses esta muchacha me llamó para pedir un consejo y me contó su historia: Llegue al aeropuerto sola dijo, con voz entrecortada, (apenas habíamos comenzado a hablar y ya tenía un nudo en la garganta), como había decidido darles una sorpresa no dije nada acerca de mi retorno. Cuando llegue a mi casa como es natural mi familia y mis hijos se alegraron mucho al verme, invitaciones por aquí, salidas por allá, era un no parar, había llegado la valiente que dejó su tierra para conocer nuevos mundos, era la novedad y no me faltaban invitaciones de parientes que querían ver a la viajera y conocer sus experiencias.
La situación fue bien durante un tiempo, pero posteriormente me di cuenta que mis hijos no se acostumbraban a mi presencia, yo no sabía qué era lo que les gustaba, cuál era su comida favorita, quienes eran sus amistades, que costumbres habían adoptado en mi larga ausencia, además que yo había importado por decirlo de alguna manera, un nuevo estilo de vida más ordenado y con muchas reglas.
Comencé a sentirme una extraña en mi propia casa, una extraña para mis hijos. La relación cada vez se tornaba más tensa entre nosotros, a tal punto que cuando les llamaba la atención por llegar tarde a casa sin avisar o por dejar tiradas sus cosas, no les sentaba muy bien y me echaban en cara que yo les había abandonado y que no tenía el derecho de reprenderles porque en 10 años ellos vivieron solos sin las directrices y sin el amor de una madre.
Me siento fatal, decía, cada día pienso en Europa y quiero regresar, hablo con mis amigas y amigos por teléfono porque los amigos que tenía antaño ya no están, no se que ha sido de ellos, mis vecinos ya no me reconocen, me miran extrañados, ya no pertenezco a mi barrio, soy una extranjera en mi tierra.
Todo lo que yo había pensado y soñado al regresar a mi país no era cierto, mi ilusión se había desvanecido como el viento, no sabía qué hacer, que decir, estaba deprimida, pensaba si valió la pena el esfuerzo que hice dejando a mis niños para darles bienes materiales y estudios, ellos creen que NO.
Es una etapa difícil pero sé que lo superaré, me pregunto si soy feliz ahora más que antes y mi respuesta es que no, ahora tengo bienes materiales pero siento que he perdido a mis hijos que son lo mas importante en mi vida y por quienes dejé mi tierra y aunque quiero con todas mis fuerzas regresar a Europa, se que cuando regrese pensaré otra vez en mis hijos y querré volver, aun sabiendo que la convivencia es difícil, es como un retorno imposible ¿Retornar? ¿Y a dónde?
Ahora solo me queda tener paciencia y reprender, retomar todo aquello que perdí en estos diez años de ausencia.