EL DORADO Y EL PAÍS DE LA CANELA. EL PRIMER MITO DE LA AMAZONIA. N° 51 . DICIEMBRE / DÉCEMBRE 2014 . 5º AÑO / 5E ANNÉE

Capture Carlos

A través de los tiempos, siempre los bosques han sido zonas a las que se les ha atribuido innumerables misterios que dieron origen a un repertorio de mitos y leyendas, sean escritos u orales.

Con respecto a las selvas de la amazonia, estas han motivado a través de la historia mitos originados por la ignorancia, la incomprensión y la codicia de los que la vieron en forma superficial. Para unos fue un infierno verde y para otros un paraíso en el que se ocultaban grandes riquezas que debían ser acopiadas o explotadas por gente foránea.

La ambición y la codicia de los aventureros españoles, que llegaron a América en el siglo XVI, convirtieron a los pueblos indígenas en botines de guerra y luego recibieron información, tal vez, mal entendida, de que en la parte nor-este del Tahuantinsuyo existía un país en donde abundaba el oro y la canela.

Francisco Pizarro, siete años después de haber ejecutado a Atahualpa, ordeno cuatro expediciones en 1539, que salieron del Cuzco y una de ellas iría en busca de el Dorado y la Canela, a las ordenes de su hermano Gonzalo Pizarro, quien a la vez fue nombrado Gobernador de Quito.

Gonzalo Pizarro partió del Cuzco a mediados de 1539, rumbo hacia Quito, con 200 españoles y 3000 indígenas, también 100 caballos, perros de caza y un buen numero de llamas cargadoras de provisiones.

Los expedicionarios pasaron por Huamanga, Jauja y Huánuco, en donde se enfrentaron contra los ataques de los indígenas, permaneciendo aquí algunos meses para recuperarse y haber recibido el socorro y la ayuda de las fuerzas de Francisco de Chávez, enviado por Francisco Pizarro desde el Cuzco.

De Huánuco, los expedicionarios bajaron a la Costa, pasando por Lima, Trujillo y San Miguel de Piura, para luego llegar a Quito en Diciembre de 1540. Luego de dos meses de preparativos, a fines de Febrero de 1541 con 220 españoles y 4000 indígenas, parten hacia el Oriente.

Esta expedición, al atravesar los Andes, tuvieron que soportar las inclemencias del trópico húmedo de la selva, altas temperaturas y lluvias torrenciales, pero la idea del oro y la canela les daba fuerzas para seguir adelante.

Después de algunos enfrentamientos con los indígenas y durante una caminata de 70 días, Gonzalo Pizarro con su gente acamparon en un lugar llamado Zumaco , en donde les dio alcance Francisco de Orellana con su contingente que había sido invitado por Gonzalo Pizarro.

La situación de los expedicionarios era calamitosa, habían sufrido bajas por extrañas enfermedades, por falta de alimentos y tuvieron que sacrificar a sus caballos y llamas para que se alimenten.

Cuando llegaron a las orillas de un gran rio, construyeron un bote y navegaron 60 días. En el trayecto fueron atacados por guerreros que trataban de impedir la entrada de extraños y llegando al rio Guijos, cuando la situación era insoportable, Gonzalo Pizarro envió a su lugarteniente Francisco de Orellana que avanzara con unos 70 hombres para buscar víveres para la tropa e inspeccionen la ruta.

Francisco de Orellana, nunca volvió para encontrarse con Pizarro, siguió por el rio Napo, en donde encontró acogida por parte de un pueblo indígena ribereño, permaneciendo aquí el tiempo necesario para construir un nuevo bote.

Muchos historiadores han considerado como una deslealtad y una traición la actitud de Orellana de no volver al campamento de Zumaco, dejando a Pizarro y a su gente abandonados y a su suerte, pero, se debe precisar, que era casi imposible navegar contra la corriente en el tipo de embarcación que ellos tenían.

Francisco de Orellana, siguió por el Napo y el día 12 de febrero de 1542 ingreso al gran rio Amazonas que en aquel tiempo los indígenas lo llamaban Paraguanazu y luego llegan a su desembocadura en el Atlántico, para luego dirigirse a la Isla de Santo Domingo en el Caribe y de allí llegaron a España para informar al Rey Carlos V de su fabuloso viaje, pero jamás pudo informar del hallazgo del Dorado y la Canela, pues solo existió en las mentes afiebradas de los ambiciosos aventureros españoles.

Sin embargo, este mito dejaría condiciones propicias para la creación de otros mitos de fatales consecuencias para nuestra Región : la Amazonia.

Gonzalo Pizarro, indignado y esquelético como su tropa regresaron a Quito.

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