ESCLAVITUD

Ahora que leo detenidamente la palabra me doy cuenta que es larga y fea. Diría que sucede lo mismo en distintos idiomas. Si además nos centramos en su significado, es tremendamente más fea de lo que pudiera parecer al ser leída.
Si nos remontamos a su posible origen histórico, encontraríamos que existe prácticamente desde el principio de los tiempos, sin descartarse su presencia en períodos prehistóricos. Evidentemente eso no la justifica, lo que no significa que un intento de acercamiento a las circunstancias históricas pudiera desvelarnos los motivos de su aparición: guerra, hostilidad religiosa, búsqueda de beneficio económico, condenas judiciales, incluso el nacimiento o el matrimonio. Junto a lo anterior, no podemos perder de vista el factor económico como desencadenante, en la mayoría de los casos, del nacimiento de la esclavitud. Tenemos sobrados ejemplos de ello en multitud de películas , desde las que tratan el período histórico de Egipto o Roma hasta las que se desarrollan en los siglos XVI a XIX.

El denominado movimiento abolicionista comenzó a gestarse a principios del siglo XIX en Gran Bretaña (1807), llegando a fijarse una prohibición a nivel internacional en los congresos de Viena (1815), Aquisgrán (1818) y Verona (1822). Ojalá ese hubiera sido el final de la esclavitud, tras siglos de existencia. No lo es, desgraciadamente.
MODA. Aunque posiblemente sea el que menos interés tiene en el mundo de la moda y las pasarelas, esto no me exime de mi parte de responsabilidad. Con un estilo algo personal, mezcla de lo clásico (de lunes a viernes) y lo casual (fines de semana), lo cierto es que de vez en cuando suelo acudir a comprar ropa para renovar mi vestuario. Evidentemente no soy el único, es algo que se hace diariamente en todo el Planeta. Tal vez no sea del todo exacta esa amplitud geográfica, como a continuación expondré. Las modernas sociedades, generalmente de ámbito occidental, se mueven a unos ritmos totalmente distintos a las demás sociedades. Suele acudirse a expresiones tales como primer mundo, segundo mundo (o países en vías de desarrollo) y tercer mundo, para clasificar a una población que supera los 7.000 mill. de habitantes. La diferencia se observa desde aspectos económicos hasta culturales, pasando por los sociológicos, filosóficos…
BANGLADESH. VIETNAM. INDIA. TAILANDIA, CHINA. Podría continuar la enumeración pero resultaría un poco cansina, así que los dejaré a modo de ejemplo. Damos por hecho que son países que existen, pero desconocemos sus datos principales: tipo de gobierno, moneda, idioma, población, economía, historia… Nos resultan lejanos, o al menos eso creemos. Los tenemos más cerca de lo que imaginamos, basta con acercarse a nuestro armario o pasear por una tienda de ropa. Si revisamos las etiquetas de nuestras prendas comprobaremos que están ahí, sin que tuviéramos la más mínima idea. Tomamos algo más de conciencia cuando sucesos trágicos nos dan una bofetada de realidad, hasta entonces no reparamos en el nivel de esclavitud que aún persiste. Espero que la concienciación no sea fugaz y tengamos que volver a pensar en el asunto cuando ocurra otra tragedia. Curiosamente estos trágicos acontecimientos están haciendo que afloren conceptos como responsabilidad social o responsabilidad corporativa para que las marcas se liberen de la ‘mala conciencia’ que supone aparecer vinculada a fenómenos que creíamos erradicados en el siglo XIX. Tal vez no es un movimiento de avance rápido, pero es un comienzo que no conviene minusvalorar.