¿Y tú, qué nos cuentas?

Llevaba yo una vida de completo hastío e insatisfacción. 12 años y 27 días en el mismo trabajo, 12 años y 27 días al que asistía día tras día sin ninguna motivación ni ilusión. De día, de tarde o de noche, daba igual. Quería renunciar. Ser libre. Y así lo hice. Un futuro asegurado pero desdichado en el día a día, no podía ser a lo que entregara mis últimos años de vida. Muchos pensamientos y dudas me asaltaban. Tomé la decisión. Hablé con Dirección y me marché. Libre, sin ataduras. Un mundo por delante, aventuras que vivir, experiencias que experimentar. Pasaron los meses y la rutina del ocio absoluto me pasaba factura. Una ex compañera me dijo de irnos a vivir a Ginebra. Nos conseguirían vivienda, quizás trabajo. Cerré la casa, entregué las llaves, regalé cosas, compré el billete para mí y mi ex compañera de trabajo y con una maleta pequeña nos fuimos cargados de ilusiones pero también de miedos, incertidumbres y angustias. Un día lluvioso nos recibió. Su tío nos fue a buscar y a un piso en Ginebra fuimos a vivir. Había que compartir. Es común para un inmigrante recién llegado. Tocaba buscar empleo. Tocaba comer pero sin gastar los pocos ahorros que uno lleva. Allí en semanas días pueden volatilizarse. Cada mañana había que ganarse el sustento diario. Había que buscarlo. Oí hablar de unos comedores sociales que atienden a personas de bajos recursos. Allí me dirigí. Sin conocer a nadie en un banco sólo me senté. Y de pronto entre tantos vocablos y palabras en francés oí sonidos en español. Venían de dos bancos más adelante. No lo dudé. Y mientras iba preguntando si me podía sentar allí, con un rápido movimiento y sin esperar la repuesta, ya estaba sentado. Jaja Y ahí comenzó los orígenes de mis mejores vivencias en Ginebra: Leticia, Giorgio, Ciro, Ronald, Vero etc. Cada uno con sus formas de ser características aportaron esencia y vivencias que llevaré por siempre de mi paso por Ginebra. Y así comencé a integrarme un poco más en las venas de la ciudad: nos reuníamos en Pâquis a estudiar francés, comíamos todos juntos o parte de nosotros en el Faro, Montbrillant, etc. Pero mi paso por Ginebra no estaría definido en su esencia sin nombrar la experiencia que viví con un ser completo, humilde, servicial, llena de valores humanos, siempre dispuesta a ayudar y a escuchar a los demás: LC. Una de las personas más bellas que conocí en mi vida. Ese tour que hicimos por Naciones Unidas quedará siempre plasmado en mi memoria. La conexión al interactuar era única mientras observábamos las distintas salas, los frescos de su gran cúpula, sus jardines. Y finalmente por la noche nos juntamos varios de nosotros, muchos sin conocernos junto a otros inmigrantes latinos en el afán de sentirnos más unidos, más conectados al estar lejos de nuestra tierra, de nuestro idioma materno. Y esa noche fue MÁGICA. Reafirmé que esa chica de día, culta, humilde, Licenciada en Derecho, no era sólo un gran ser humano. Era y es una mujer con un atractivo físico IMPONENTE, suelta, sensual, que atrae a ser mirada una y otra vez, mezclando esa energía subyugante, hipnotizante al bailar con el respeto para que nadie equivoque pensamientos. Un SER HUMANO INCREÍBLE. Es ella quien me ha pedido una descripción de mi paso por Ginebra y no podía no mencionarla. Mi vida dio algunos derroteros y ahora me encuentro en las Islas Canarias. Pero allí se queda una gran representante de la ciudad de Capiatá en la República del Paraguay. Una latina que se está esforzando en formarse para ser parte de pleno derecho de la sociedad Suiza. Te admiro y te quiero amiga del alma.

Ricardo