LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO

La pérdida de un ser querido es un golpe duro, difícil de admitir, aceptar y olvidar, pero cuando tenemos a nuestra familia al lado, nos apoyamos en ella y el dolor que sentimos se hace más llevadero, además tenemos la suerte de estar junto a él o ella hasta su último suspiro, podemos llorar a los pies de su lecho junto a su cuerpo ya sin vida, podemos tocarle, darle un beso de despedida, seguir el cortejo fúnebre acompañados/as de familiares y amigos/as lo cual hace que el trago sea menos amargo, finalmente lo escoltamos hasta ese sitio que será su última morada donde podremos visitarlo o visitarla y rezar por él o ella.
¿Pero qué pasa si estas fuera de tu país y sufres esa pérdida? ¿El sentimiento de dolor es el mismo cuándo tus seres queridos están a cientos o miles de kilómetros? Me hago estas preguntas porque acabo de perder a un ser querido y no me fue posible estar a su lado, aún a pesar de mi deseo ferviente, (por fin comprendí que los deseos no se hacen realidad).
He vivido un duelo interno a causa de esa pérdida, no quise compartir mi dolor porque pensé que a nadie le importaría que a miles de kilómetros se moría quien me había dado la vida, no pude estar a su lado, no alcancé a pedir su aprobación y perdón por haberle abandonado, no pude darle un beso ni acompañar a mi familia en nuestro dolor porque estoy lejos de mi país, mi situación económica y administrativa (sin papeles) no me permitió abandonar el territorio de acogida, si lo hacía no habría marcha atrás.
Tenía que tomar una decisión… regresar a mi país o quedarme, la decisión no fue fácil pero las circunstancias una vez más decidieron por mí. Hay quienes son muy valientes y abandonan el territorio al cual llegaron hace algunos años atravesando infinidad de peripecias, arriesgándose a no volver más, pero hay muchos otros que no pueden hacerlo, no consiguen regresar a su país al lado de su ser amado porque ello implicaría dejar la familia que formaron en el país de acogida (llevarla no sería una opción económicamente aceptable), tampoco pueden dejar un trabajo que, aunque precario, les permite pagar alimentación, vivienda y seguir adelante, pero la razón fundamental es que si regresan sin pagar sus deudas ponen en riesgo su vida y la del resto de su familia.
Sobreponerse de la pérdida de un ser querido no es tarea fácil y más aún si te sientes culpable por no haber estado a su lado y por haberle fallado, te invade una constante zozobra pensando en lo sucedido, el dolor no remite, no encuentras consuelo, te invaden pensamientos negativos y ves rondar la muerte más cerca cada día. Pero la muerte como el nacimiento es una etapa de la vida y debemos aceptarla, el tiempo cura las heridas y el tiempo también hará que el dolor disminuya, lo que el tiempo no borrará es el recuerdo de tus seres amados a quienes tendrás en tu memoria hasta que llegue la hora de tu partida y que otros/as lloren por tu ausencia.

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