AYAHUASCA

Capture CANCION

La tan constante y permanente búsqueda del ser radica en querer descubrir quiénes somos? Quien soy yo? De dónde vengo? Para dónde voy? La tranquilidad, la paz, el sosiego, el equilibrio, la salud, el bienestar son sinónimos de lo que algunos humanos conocen como el cielo o nirvana. La lucha incesante de la vida se basa en la búsqueda desesperada de aquel estado de cielo.
Originariamente según nuestras tradiciones, los primeros humanos siempre supimos quiénes éramos, de dónde venimos y para donde vamos, el cielo era el privilegio de estar vivo en esta tierra, de oler sus aromas, saborear sus delicias, deleitarse con sus sonidos y cantos, besar, admirar, amar. El cielo era verde y permanente, la paz y el sosiego interior llenaba el alma, éramos niños salvajes, inocentes, libres y silvestres, o sea sencillos, auténticos, reales, no estábamos determinados por una marca, un ritmo, un traje, un cargo, una clase social ni ninguna forma de poder.
Teníamos todas las edades, nuestros abuelos vivían en nosotros porque siempre supimos que nuestro espíritu es viajero y nuestras experiencias vitales no solo se daban en el ahora, nuestra raíz es larga como nuestro espíritu.
Sabíamos que somos hermanos de las nubes y de todo lo que nos rodea, prójimo es todo aquello que vemos y no, es complemento de lo que somos, era muy claro que todos somos uno, no uno sobre el otro, no uno más que otro, somos un circulo no una pirámide y todo vive en mí.
Originariamente sabíamos que nuestro corazón era una estrella, somos energía pura que viene del universo y ahora aterrizamos y nacimos, germinamos de la tierra, somos sus hijos no sus dueños, no nos pertenece, le pertenecemos porque de ella somos, de sus principios químicos estamos hechos a semejanza aire, agua, fuego, tierra, barro, minerales, átomos, partículas! Nadie está hecho de sangre azul, nadie circula dinero por sus venas ni come lamborginis soasados. Somos espíritu! Energía! Y viajamos sutilmente por el cosmos, por la vida camino a la eternidad que es el mismo cielo verde que hoy buscamos.
Cuando el ser humano reconoce quien es, construye desde allí su identidad y sus acciones reflejan lo que él es, el mundo es un constructo de identidades, la comunidad y la sociedad se construyen a partir de lo que somos, creemos y pensamos.
Anteriormente se compartía la comida y la vivienda, el fuego nos abrigaba a todos, se agradecía a la tierra y al cielo la posibilidad de disfrutar y vivir, de comer y amar. Festejábamos los encuentros con los otros, la llegada de un bebe y la partida de alguno de nosotros.
Algún día hace ya mucho tiempo el humano se distrajo, porque pudo ser una sombra, pudo ser la maldad, pudo ser lo que hoy día llaman demonio, pero no es más que la distracción de los hombres y las mujeres, no es culpa de ninguna serpiente ni de ninguna vagina, es responsabilidad de cada quien estar atento o no! Vamos a la naturaleza y abramos los ojos! sintamos! Eso somos! Las meditaciones más trascendentales se hacen con los ojos abiertos!
La pérdida del origen, el sin sentido de la vida se disfrazó de evolución y desarrollo, solo basto un tropezón para que la humanidad entera se distrajera de sí mismo y tiñera su cielo de otros colores que a su vez parecen o parecían lindos.
El poder, las religiones, las clases sociales, las diferencias, la ambición, la avaricia, la corrupción, el sexo desenfrenado, el exceso de todo, los vicios construyen hoy día la identidad del ser, conforman nuestras sociedades y nuestras familias. La humanidad queriendo más y más cada vez deconstruyó su esencia y la atiborro de imágenes, la capacidad hermosa de crear la usa para el mal, ingenia armas que quitan la vida y camufla en las comidas venenos para controlar al otro. Completamente distraídos y confundidos ganan premios nobel de física y crean vacunas para que la vida en las niñas no se geste con la fuerza mágica de la mujer.
Hoy día el hombre no sabe que es ser hombre porque alguno más distraído que él le inventó un discurso sobre la fuerza, el macho no llora y la supremacía. Al pobre hombre se le olvido que es ser hombre, que lo que se sostiene en medio de nuestras piernas es un tótem poderoso de vida no un adminiculo de placer. La gran diosa, la mujer distraída se convenció del discurso que un distraído le echo sobre su minusvalía, su mala suerte y su enfermedad, olvido que dentro de la mitad de sus piernas el templo sagrado de la vida se guarda, hoy día lo usa para atiborrarse de aquellos adminículos de placer.
Si el hombre reflexionara sobre lo que realmente es ser hombre y la mujer reflexionara sobre lo que es realmente una mujer, iniciaríamos el camino al origen.
Tanto avance y tanta evolución no han sido capaces de llenar el vacío del hombre por reencontrar el cielo. Hoy día con esas herramientas evolutivas el ser humano creo ciencias como la psicología, la física, la química, la medicina, la psiquiatría, la antropología, el trabajo social y muchas más buscando encontrar la respuesta al origen del ser o a los comportamientos de este, muchas nuevas disciplinas meditativas y trascendentales surgen o resisten el paso del tiempo para ayudar al hombre a vislumbrar el camino, es una urgencia, es una gran necesidad porque el humano tiene internamente una sed inagotable de concentrarse otra vez. El alma grita ¡me quiero concentrar! Las sociedades y las comunidades claman! El Putumayo le grita a su pueblo ¡por favor concéntrate! Colombia le grita a los colombianos ¡concéntrense!
Los niños y las niñas, los jóvenes son esos humanos que llenos de viajes en su espíritu hoy ya cansados de lo mismo buscan ansiosamente un camino hacia su origen, cuestionan el sistema y las reglas, aquellas creencias irracionales a veces también se las fuman, la nueva generación tiene sed de origen y buscan la medicina para la desatención. Son variados los caminos y los pasos, muchas las propuestas y las disciplinas, hoy aquí de los pueblos originarios se sostiene un camino.
Desde siempre el ser humano cuenta con instrumentos y herramientas de conexión con su esencia, su paz, su salud y su armonía. Los pueblos originarios han salvaguardado pese a la guerra, pese a la masacre de su historia las medicinas del cuerpo y el alma. Las plantas y medicinas ancestrales y milenarias han dado muestra de resistencia por cientos de años, si hay seres resistentes a la inclemencia del hombre son las plantas medicinales, en putumayo pasaron los españoles, pasaron las cruces y las espadas, pasaron las caucheras y las multinacionales, pasan aun las petroleras y los cocaleros narcotraficantes y mercenarios, pasa el avión fumigando y las plantas de poder aún se mantienen, resisten por amor al hombre. Y así en toda América.
Las medicinas ancestrales, llamadas también plantas de poder precisamente por su fuerza y resistencia constituyen desde siempre una alternativa para el ser humano, una herramienta de conexión, una posibilidad de amor. Aún están sobre la tierra por nosotros y permanecerán por todos nosotros hasta aquel mágico y merecido momento en que la humanidad se vuelva a concentrar.
En medio de la exuberante selva del amazonas, en las montañas y campos, en medio del inmenso cielo verde donde reinan las plantas, los tigres, las aves, los loros y guacamayas aún sobreviven un puñado de hombres y mujeres que pese a sus necesidades materiales, limitados por las exigencias de esta nueva sociedad son los custodios de este gran tesoro, de ese legado inmaterial que nuestros ancestros nos dejaron, tesoro que se traduce en lo que conocemos como el buen vivir.
Mamas, taitas, chamanes, sinchis, jaibanas, curanderos, sabedores, hombres y mujeres medicina, desde la gran diversidad cultural de nuestra américa se han encargado de mantener vivo el recuerdo que nos permite reconectarnos con nuestra esencia, a través de sus ceremonias, de sus rituales sagrados, de sus danzas, de sus cantos, de sus mitos y leyendas, con el uso de una gran diversidad de plantas sagradas, como es el caso del yage, el tabaco, el mambe, el ambil, el aguacoya y muchas más que siendo bien utilizadas son instrumentos ciento por ciento naturales que ayudan a sanar física, mental y espiritualmente al ser humano, permitiéndonos a la vez recuperar el equilibrio para poder vivir en paz con nosotros mismos y la naturaleza, a concentrarnos, donde finalmente comprendamos que aunque somos seres individuales somos parte de un todo y que todo lo existente es necesario, que aquello que destruye y causa daño y muerte es producto de nosotros mismos y en nosotros esta ese infinito poder de revertir lo negativo para convertirnos en portadores de luz, de amor y de vida.
Las medicinas o plantas de poder tienen como fin ayudar en este proceso de reconstrucción del ser humano y la naturaleza, de una manera simple, sencilla, sin formulas complicadas, el Yage, nos permite hacernos un auto análisis profundo donde logramos mirarnos ante un espejo por medio de visiones que nos son alucinaciones, es posible mirar monstruos, esos que llaman demonios o egos, oscuridades que nosotros mismos las hemos creado con nuestras formas de pensar, de ser y de actuar, o acaso la ira, los celos, la intolerancia no son demonios nocivos y destructores? cuándo reconocemos en qué grado somos portadores de estos y cuánto daño nos hacen a nosotros mismos y a lo demás empezamos un proceso de transformación, un proceso de sanación integral, cuerpo, mente y espíritu, yagé nos permite reconocernos como humanos con un enorme potencial que está dormido, disperso, distraído, yagé es arte, es música, es poesía, sabiduría y conocimiento, son incontables los ejemplos de personas, hombres ,mujeres, jóvenes, niños y niñas que se sanan de enfermedades o se potencializan como mejores seres humanos teniendo un mejor desempeño en esta sociedad, tanto que es reconocido por la ciencia médica convencional y terapéutica como una gran herramienta que ayuda en situaciones que ellos con sus métodos no pueden lograr sus objetivos tanto a nivel de salud física o emocional, más allá de dogmatismos o religiones cuando en cada ritual prima la ancestralidad, donde se le da gracias al aire, al agua, a la tierra y al fuego no como idolatría sino reconociendo la divinidad que está dentro de nosotros y a nuestro alrededor y en todo aquello que hace posible la vida.
Ceremonias ancestrales que convocan, que nos reúnen como familia, que nos recuerdan nuestro origen no para retroceder sino para afianzarnos mucho más en los aspectos positivos de la vida, ser un mejor padre o madre de familia, ser mejor hijo, ser mejor hermano, ser mejor amigo, donde los rangos, el estatus social desaparece, respetando y reconociendo lo que cada uno por mérito haya logrado, espacios donde reconocemos el chamán que cada uno de nosotros somos en el desempeño en lo que a diario hacemos como ser un buen abogado, un gran ingeniero, un gran sicólogo, un gran arquitecto y así en todas las ramas del saber donde prima el buen servicio más allá del interés económico donde este llega por añadidura.
Tradiciones milenarias vigentes que aún conservan sus raíces, estrictas, rigurosas o por el contrario adaptables y flexibles de acuerdo al lugar o a quien las dirija, donde la palabra de la selva se traslada a la ciudad, donde los abuelos y las abuelas hablan acompañándose con sonidos de tambores, flautas y otros instrumentos, icaros y canciones que se mezclan con los aromas del vapor de agua con plantas medicinales del temazcal, con el calor de las abuelas piedras que han sido calentadas por el abuelo fuego que en su infinita relación de amor fecunda la madre tierra para ayudarnos a recordar que de ella venimos que somos sus hijos porque la simbología de entrar al temazcal es entrar al vientre de la madre, de esa madre que nos pario y que cuando salgamos del temazcal renazcamos como nuevos hombres o mujeres limpios y sin enfermedad como llegamos por primera vez a este mundo.
El mambeadero es un gran laboratorio de ideas, de buenos pensamientos que se convierten en palabra de vida, palabra que orienta, donde una historia, un mito o una leyenda siempre deja una enseñanza, para enaltecer la vida, para planificar un proyecto o para cosechar el fruto de lo que se habló, porque el mambeadero no es solo palabra también es obra, en la selva en el mambeadero se habla de la chagra, de la siembra del plátano, de la yuca, de la pesca, de la cacería, de la fiesta o de cómo empezar o terminar un día cualquiera, en el mambeadero el tiempo no es tan importante, no existe la prisa, el afán, aquí se aprende a hablar y a escuchar porque todos los asistentes tienen derecho al uso de la palabra, hay que tener paciencia, disciplina y resistencia para poder escuchar al abuelo o a quien guía un circulo de palabra, se utiliza el ambil y el mambe, coca y tabaco, plantas maestras en perfecta alianza no para sumergirse en una traba sino para aclarar el pensamiento o como alimento para el cuerpo mientras se toma la Caguana, bebida preparada con agua, panela, piña y almidón de yuca, bebida que no embriaga pero si endulza la palabra.
Hablar de cada ritual sería muy extenso, esto es tan solo un vislumbre, una pequeña idea, detrás de cada planta de poder, de cada ritual sagrado hay una cultura, una tradición que aún está vigente. Todas estas maravillas de la naturaleza en forma de planta o bejuco son hoy día un camino a la RECONSTRUCCION de lo que somos como sociedad, comunidad e individuos, son la posibilidad de reconectarnos con la esencia en la medida de ser experimentadas con responsabilidad y guía, con sentido y razón.
Las plantas de poder llevan al ser humano al reconocerse como individuo parte del todo, a re experimentarse como niño salvaje, inocente, libre y silvestre. A entender su multidimencionalidad, a agradecer su desconexión y falta de concentración, porque a partir de lo que no es, vuelve a escarbar sus orígenes para reconocerse nuevamente como un SER VIVO, COMO HIJO DE LA TIERRA, COMO VIAJEROS ETERNOS.
Las medicinas ancestrales son hoy en día una alternativa en la búsqueda de nuestro tan anhelado CIELOVERDE.

Maloca 2