La adolescencia, un efecto colateral. Aviso: Los adultos también pueden leer esto. N° 46 . JULIO / JUILLET 2014. 5º AÑO / 5E ANNÉE

¡Buenos días, lectores! Hoy os hablaré de los cambios y la adolescencia.

Con cambios me refiero desde mudanzas, hasta los cambios corporales producidos por nuestras hormonas juguetonas. Un cambio siempre es un reto para nosotros, nos molesta empezar de nuevo, odiamos esos granitos y las peleas con nuestros padres. Duele mucho perder a nuestros amigos, ya que la mayoría de los que estamos aquí venimos de otro lado lejos de aquí. Empezar el instituto también asusta, ya que lo único que piensas es: “¿les caeré bien?, ¿Seré aburrida? ¡Como extraño a mis amigos! …” Y aunque pueda parecer superficial, es sólo las ganas de causar buena impresión. Por eso, padres, somos un tanto excesivos en el tiempo que perdemos en frente del armario. Pueden llamarlo “presión social”.

Padres, no sé si se acuerdan que hace mucho tiempo erais nuestros mejores amigos. Os lo contábamos todo con pelos y señales ¿qué ha cambiado? os preguntaréis a menudo. En general, nada, pero nuestro propio mundo está patas arriba. Hemos perdido el norte, nuestra cabeza está llena de pájaros, ¡nuestro mundo pasa de tener un tiempo lluvioso y con ventisca a otro en el que sólo hay sol, arcoíris y unicornios en una milésima de segundo! Es nuestro momento más irracional, ligeramente bipolar, incluso cómico para algunos. Pero aunque no lo parezca también es el momento más débil. Sobre todo si las circunstancias son difíciles, somos un sistema inmunitario sin defensas, que busca la felicidad en las cosas más tontas. Un intento de respirar aire diferente.

No os hemos cambiado, simplemente se nos hace más fácil hablar con nuestros amigos porque podemos ser nosotros mismos sin sentirnos “juzgados”. Os queremos, pero en un plano distinto, ni tan lejos ni tan cerca. Ese es otro cambio.

Aunque sea extraño, tendemos a ser pesimistas. Creo que eso nos caracteriza a muchos. Estamos enfermos de vida, tan enfermos que la desaprovechamos de forma irracional, usando nuestra mejor arma: la rabia. Nos desquitamos y sin darnos cuenta, hacemos daño. Seguro que han pensado muchas veces “Oh dios mío, mi hijo es un rebelde, discutimos, me saca de quicio.” Sí, sacamos de quicio pero ¿no se os ocurre que podemos estar lanzando gritos silenciosos, que algo nos deprime y por eso estemos más irritables de lo normal?. Pero no sois adivinos, y eso nos hace sentir incomprendidos. Es una cadena.

Un efecto colateral de la adolescencia.

Consejo: Sólo quiérannos, no es vuestra culpa ni la nuestra. Tener por seguro que os queremos más que a nada.

¡Hasta otra!

          De: Scooby Doo.